Si algo me ha enseñado el tiempo, es que la vida es muy corta para desperdiciarla complaciendo a los demás. Pero aveces el ser buena persona, lo usan para aprovecharse y eso realmente es lo peor que te pueda pasar.
El complacer a los demás o preocuparnos por lo que piensan de nosotros no siempre significa que estemos haciendo lo correcto. Incluso, puede llegar a ser peligroso, porque de alguna manera, les damos carta abierta a que nos manipulen.
Está acción de complacencia que hacemos para sentirnos mejor proviene de una baja autoestima porque normalmente lo hacemos para encajar. Pero una cosa es ser tu mismo y otra muy distinta es querer complacer a los demás para que te acepten.
Es verdad que cuando soy complaciente no genero problemas ni conflictos y hago que las personas quieran estar cerca. Aunque, si eso significa perder mi esencia, dejar de agradarme yo misma, sentirme insatisfecha o frustrada.
Prefiero estar del otro lado, sola o con los pocos que de verdad me aprecian por lo que soy y no por lo que les sirvo. Por ello ahora me atrevo a decir “NO” cuando no quiero, cuando no tengo ganas de hacer algo o no me beneficia, y lo hago sin excusas