Duele, inevitablemente, duele.
Un corazón roto es el reflejo de que perdiste una batalla, y si esta no hubiese sido importante, quizá no te hubiese lastimado.
Son esas cosas que realmente tuvieron un momento especial en tu vida, las que son capaces de remover tus entrañas y hacer de trizas el corazón.
Son los momentos, las sonrisas, las caricias, los “te amo” y las acciones llenas de cariño las que hacen que el corazón se rompa, no porque hayan existido, sino porque se acabaron. Es difícil dejar ir aquello que nos hizo tan feliz, tan gratos y tan perfectos.

Dejar ir a quien te dio los mejores abrazos de tu vida.
A quien te dio sus buenos días y sus mejores noches.
A quien por primera vez te hizo sentir comprendida e importante.
A quien se tomó el tiempo para tolerar tus cambios de amor.
Es difícil dejar a esa persona especial porque sabes que fue importante y que con su despedida solo quedará un corazón roto, vacío y que tal vez, solo tal vez, no podrá amar de nuevo.
Pues esos amores únicos no se repiten, y aunque alguien logre sanarte, siempre habrá un lugar en la memoria para aquel que hizo, por vez primera, que creyeras en eso que llaman amor.
Todos, en algún momento, hemos perdido una batalla importante. Todos, en algún momento, hemos anhelado luchar hasta el final de los días. Y todos, en algún momento, nos hemos dado cuenta de que nada dura por siempre.