Cuando nos pasa algo inesperado en la vida solemos entrar en un estado de colapso mental muy grande, pues pensamos que la vida nos odia, que estamos pagando karma, que no nos merecemos esto o que simplemente ser bueno no vale de nada.
Sin embargo, esto no es así. La vida es un constante progreso y los ratos malos que pasamos son aquellos que nos enseñarán mucho y nos harán fuerte en un futuro.
A medida que pasa el tiempo vamos entendiendo el porqué de las cosas y le damos poder a la dicha frase de que “todo pasa por algo” pues sí, es así, todo pasa por algo y eso lo sabremos luego de un futuro cuando los ciclos necesarios se cierren y cuando las heridas se vayan curando.
Todo lo bueno nos deja un gran recuerdo y nos enseñan las bellas cosas de la vida, disfrutamos de ello y no queremos que nunca terminen. En cambio, todo lo que es malo no lo disfrutamos ni un poquito y queremos que termine de manera inmediata, pero sin embargo, de esos momentos aprendemos, nos hacemos más fuertes, maduros, y progresamos.
Esto es algo que hay que saber asimilarlo y recordarlo siempre que pasemos por esos malos momentos, pues nos tranquilizará un poco más y sabremos “disfrutar” eso, porque estás aprendiendo.