Existen muchas formas de demostrarnos a nosotros, cuánto nos podemos amar, cuidar y respetar. El amor propio nace desde la aceptación y el entendimiento de lo que somos en realidad. Cuando reconocemos nuestras virtudes, somos capaces de aceptar nuestros defectos. Pero ¿Qué tiene que ver esto con alejarnos o dejar a otras personas?
La capacidad de alejarnos de otras personas se ve condicionada por el amor propio. Es decir, nuestra capacidad de amarnos es la que nos ayuda a identificar qué es bueno y qué no, para nosotros. Ese amor propio, vela por nuestra dignidad, y nos hace resaltar el derecho y responsabilidad de poder alejarnos de aquellas personas que nos hacen daño.
Si nos mantenemos en una situación donde nuestra dignidad se vea afectada y nos aferramos a ella, es posible que estemos ante una gran falta de amor propio y reconocimiento del ser. Hay que poder velar por nuestra integridad emocional.
El grado de responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos, está ligada a la inteligencia emocional. Una buena inteligencia emocional, es reflejo de que poseemos un gran amor propio, lo suficiente como para reconocer, controlar y dominar nuestros deseos que son detonados por sentimientos. Por ejemplo:
Si sentimos deseo de estar con una persona a la primera, podemos tener el control de sucumbir al deseo o esperar a conocer mejor a esa persona. Por otra parte, si sucumbimos al deseo y en medio de ello reconocemos que la persona posee grandes defectos con los que no deseamos lidiar y que nos afectan, podemos, por medio de nuestra inteligencia emocional, asumir la responsabilidad de alejarnos, porque tenemos el derecho de buscar a alguien mejor que nosotros y porque podemos aceptar el amor que creemos merecer.