Así, desde lejos, muy distantes y sin mensajes de por medio. No sé qué somos pero no pretendo arruinar el momento preguntándotelo. La verdad, sin importar lo que realmente seamos, me fascina y me encanta lo que tenemos juntos. Porque, aunque nuestras bocas no se rocen a diario, aunque no nos digamos monerías con frecuencia y nos veamos poco… nos queremos y nos pensamos muchísimo.

Lo único que sé es que nos une esta extraña conexión sin título definido, con un prólogo de pocas líneas y una trama en la que no se visualiza una conclusión a la vista. Lo más hermoso es que entre páginas y, entre líneas, hay espacios vacíos que no molestan, espacios en blanco que no estorban y que sólo nosotros comprendemos.
Es maravilloso amarnos así. Al vernos tan poco, dedicamos gastar el tiempo en risas, cuentos, hacernos el amor y acariciarnos dulcemente. Aprovechamos el tiempo al máximo, sin desperdicio, puesto que no sabemos cuando nos veremos de nuevo de esa forma. Es mucho mejor amarnos las pocas veces que tenemos el chance de estar juntos y recargar el amor en la distancia, a lo lejos, separados.

¿Malgastar el tiempo en melodramas absurdos y sin sentido? Eso no va con nosotros. Así es nuestro amor, único y singular, distinto al de los demás, pese a la distancia. Por eso te pienso tanto cuanto estás lejos, cuando no puedo verte y tampoco escribirte, cuando no estás a mi lado.
Porque sólo entre tú y yo tenemos el secreto y entendemos esta manera de mantener el fuego ardiente de nuestro amor, esta química perfecta que nos une. Porque sólo entre tú y yo, el espacio entre ambos no es un motivo para sentir dolor o sufrir desmedidamente, sino una excusa para extrañarnos más y, cuando estemos juntos, amarnos con más fuerza que antes.