Te quise genuina, sincera y alocada, como pueden serlo las mujeres de verdad, las que valen la pena.
Te quise desarreglada, sin atuendos elegantes ni maquillaje excesivo, te quise con tu aspecto real, sin artificios ni superficialidades.

Te quise divertida y tonta, te quise graciosa y con esas palabras perfectas que me arrancaron carcajadas por tantas veces.
Te quise desnuda y entregada a mí, te quise honesta y audaz, dando todo sin medidas, dedicada en llevar a cabo todo lo que te proponías.
Te quise cuando estabas triste y débil, te quise deprimida, en el peor momento de tu vida. También te quise alegre y radiante de felicidad, te quise plena, en los instantes que alcanzaste los mayores placeres.
Te quise con todo el romance que le está permitido sentir a un hombre, te quise con las ganas y el deseo que provocan los besos más sensuales.
Te quise aunque no me querías cerca, a pesar de que hacías todo lo posible para alejarme de ti como fuese.
Te quise aunque me humillabas en público y me hicieras lucir como un idiota por tu amor. Te quise aunque tú no sentías lo mismo hacia mí, aunque me ignorabas y no me tomabas en serio.
Te quise por mucho tiempo, demasiado tiempo, incluso por largas temporadas después de haberme alejado de ti. Te quise de manera profunda, aunque me pediste que dejara de quererte y me fijara en alguien más. Te quise en la soledad, imaginándote con otro dándote los besos que yo no pude.

Te quise con toda mi vida y mi corazón, como aman los hombres enamorados de verdad, como aman los románticos.
Te quise a plenitud, y ahora que vuelves a mí, a rogar por el cariño que yo te profesaba, la verdad es que ya no te quiero como antes.