Las relaciones están conformadas por dos personas que se tienen un gran cariño, dando amor y recibiendo ese amor. Una lucha constante que se tiene para que el amor permanezca en la relación y los vínculos se fortalezcan.
En muchas ocasiones se puede tener las mejores intenciones, podemos aportar durante mucho tiempo lo que consideramos mejor, pero hay un momento que nos sentimos agotados, frustrados de que a pesar de ese esfuerzo no somos recompensados. Ya que nos damos cuenta que la lucha es sólo por uno y no por ambos.
Cuando uno se encuentra en la primera etapa de la relación quiere siempre impresionar y nos esforzamos por mostrar la mejor cara, las mejores actitudes, palabras, hacemos todo para poder agradarle, pero por no parecer delicados o intensos, nos reservamos el establecer límites, considerando que todo mejorará mientras la relación va avanzando, cuando verdaderamente lo que sigue es lo contrario. Ya que hemos acostumbrado a nuestra pareja a darle siempre la mejor parte, adaptándose siempre a recibir más no a dar por igual.

Aunque exista el amor entre ambos, no es garantía que una relación triunfe ante todo lo que encierra el mantenimiento y formación. El amor es un ingrediente fundamental, pero de no existir factores adicionales, la relación tiende a fallar.
Es muy complicado darse por vencido cuando uno ama, pero ocurre, que uno se cansa de intentarlo, de buscar las soluciones, de ser siempre la persona que aporta en la relación. Te vas dando cuenta que ese amor es unilateral, ya que la otra persona lo único que hace es estar presente más no esforzarse por querer mejorar la relación.
El amor se debe de cuidar, alimentar y rodear de detalles, con respeto, con atención, dedicación, comunicación, colaboración y compromiso de ambas partes. De no ser así, la relación termina quebrándose y simplemente rompiéndose quedando en el olvido.