Al amar pareciera que nada tiene límite dentro de nosotros. Queremos hacer todo por la persona amada casi sin medir las consecuencias que esos actos nos traerían y traerían a la vida de otros.

Desconocemos hasta dónde podemos llegar y cuándo debemos parar de insistir cuando el amor es dañino o no es correspondido, y a veces resulta que tenemos la respuesta frente a nuestras narices pero no la vemos porque tenemos el velo del amor distorsionando la realidad.
Es complicado saber qué hacer cuando amamos a alguien que sabemos no nos ama porque queremos seguir sintiendo esto tan hermoso pero sin una sola gota de dolor.

Y por más que tratemos de que este sentimiento dure para siempre, si el otro no siente lo mismo con el tiempo se va esfumando. Entonces es normal empezar a extrañarle y querer verle, pero son deseos y no necesidades como a veces pensamos.
Cuando nos damos cuenta de eso es que entendemos que antes de dar todo de nosotros debemos saber si el otro lo valorará como se debe en vez de tirarlo a un lado como cualquier traste. Hay que preguntarse si vale la pena el sacrificio o mejor nos quedamos tranquilos con lo que sentimos.
Por allí dicen que la verdad duele, pero es mejor que duela de momento el ser honesto antes que vivir aparentemente feliz gracias a una mentira.