Hay lugares que inevitablemente te hacen recordar a quien alguna vez fue el amor de tu vida. Las canciones, la comida, su nombre que ahora resuena en todos los sitios. Las últimas palabras que se dijeron, las heridas que continúa abiertas, esa sonrisa que no se compara con nadie y los chistes que ahora no podrás decir con nadie más, que se han ido.
Cuando inicias una relación piensas que nunca va a terminar, que al fin has encontrado al amor de tu vida. Sin embargo, en un momento se termina. Esas bromas dejaron de ser tan graciosas, las peleas parecían eternas y la adrenalina de estar juntos se transformó en obligación.
Al inicio pensaba que todo se iba a solucionar, porque seguramente, tú eras el que seguía enamorado de esa persona. Pero pronto un “ya no te quiero”, “no sé qué hacemos juntos”, “no sé si quiero estar contigo”, apareció en sus conversaciones. Sentías que tu mundo se acababa y que el corazón te crujía. Fue una puñalada que no pudiste detenerlo a tiempo.
Ahora que no te encuentras con esa persona quieres dedicarle algunos poemas, pero no románticos sino expresar lo que sientes al estar separado de esa persona. Te brindamos aquí unos cuantos poemas que te harán sentir identificada. Es bueno que te desahogues y puedas liberar tus sentimientos.
Kennamore Street, José María Fonollosa
Yo quiero que tú sufras lo que sufro:
aprenderé a rezar para lograrlo.
Yo quiero que te sientas tan inútil
como un vaso sin whisky entre las manos;
que sientas en el pecho el corazón
como si fuera el de otro y te doliese.
Yo quiero que te asomes a cada hora
como un preso aferrado a su ventana
y que sean las piedras de la calle
el único paisaje de tus ojos.
Yo deseo tu muerte donde estés.
Aprenderé a rezar para lograrlo.
Poesía no eres tú, Rosario Castellanos
Porque si tú existieras
tendría que existir yo también. Y eso es mentira.
Nada hay más que nosotros: la pareja,
los sexos conciliados en un hijo,
las dos cabezas juntas, pero no contemplándose
(para no convertir a nadie en un espejo)
sino mirando frente a sí, hacia el otro.
El otro: mediador, juez, equilibrio
entre opuestos, testigo,
nudo en el que se anuda lo que se había roto.
El otro, la mudez que pide voz
al que tiene la voz
y reclama el oído del que escucha.
El otro. Con el otro
la humanidad, el diálogo, la poesía, comienzan.
Cosas que no tendremos, Josefa Parra
Cosas que no tendremos:
Las mañanas de abril largas de amor y sueño.
Las tardes de noviembre con lluvia interminable.
Las noches del verano tercamente estrelladas.
Todas las madrugadas dulcísimas de otoño.
Cosas que me he perdido:
No sabré del sabor de tu boca dormida.
No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino.
No lloraré contigo viendo ningún ocaso.
No me amanecerá tu vientre entre las sábanas.
Tengo todo un tesoro de lagunas y ausencias,
un muestrario completo de páginas en blanco.

Yo te amé en silencio, Vicente Núñez
Yo te amé en el silencio de la ignota atalaya
que calla su tesoro de oro inaccesible.
Y ahora que te canto -¡maldito sea el llanto
del amor que se canta!-, qué soledad sonora,
qué insensata y agónica trompetería, qué estéril,
qué grave fundamento, qué infierno irreparable.
Desamor, María Clara González
Las razones
que tuve para amarte
se borraron anoche
en la tormenta
Quedé limpia
Tu olor a huésped
voluptuoso en mis entrañas
se enredó con la lluvia
y se marchó.