Te besé y me percaté de que no quería probar otros labios, de que eran los tuyos los que busqué,
De que eran los tuyos los que necesitaba para sentirme viva y de que eran los tuyos los que me hicieron sentir realmente querida.

Porque sí, hay besos que no hacen sentir absolutamente nada.
Hay besos muertos que no salen de la boca de quien los da.
Esos besos, los probé muchas veces hasta que aterricé en tus labios.
Y fue en ese preciso momento que me di cuenta que no necesitaba otra boca para saber qué se siente ser feliz.
Porque un beso, no es solo dos bocas que se unen.
Un beso es lenguaje, es amor y entrega.
Un beso dice mucho de lo que se calla y es la mejor manera de conocerse.
Y en el beso que nos dimos, pude conocer a la persona más maravillosa del mundo.
Por eso, no quiero más besos, solo los tuyos.
Esos que empiezan suave, son juguetones y pasan de lo lento a los desaforado en un instante.
Esos que tienen mordidas incluidas y un “te amo” en forma de susurro.
En definitiva, solo quiero tus besos, porque me dan vida.