La honestidad es importante en las relaciones de pareja, sin embargo, hay veces que ocurren pequeñas cosas en donde es mejor pasar por alto decirlas, pues pueden generar un mal entendido o momento difícil dentro de la relación sin motivo alguno, discusiones innecesarias y sin sentido.
La verdad, aunque muchas parejas suelan decir que en la relación no existen las mentiras, o que la honestidad y sinceridad es la que reina, esto nunca es del todo cierto, ya que cada persona tiene el derecho a esconder secretos personales, y ser honesto hasta un límite, siempre y cuando no afecte a los demás.
Todos tenemos derecho a un espacio personal, a una vida privada, y con ello a guardar secretos muy personales, que no queremos revelarlos por algún motivo. En este sentido, nadie puede ser absolutamente sincero en todos los momentos de su vida. Hay multitud de pequeñas mentiras que se dicen con el ánimo de hacer sentir bien al otro, o porque simplemente se cree que es lo mejor.
Y es que, muchas veces no se puede, o no se debe, ser completamente sincero en la pareja, porque la verdad puede traer conflictos inútiles o malestares innecesarios. Le mentira es reprobable cuando obedece a fines egoístas o abusivos.
En ocasiones, la sinceridad plena, a veces, causa resentimientos y heridas, que difícilmente se perdonan.
El Wall Street Journal publicó un reportaje en el que la doctora Marianne Dainton reflexiona al respecto. Esta psicóloga, experta en terapia de pareja, ha analizado a fondo el tema de ser sincero en la pareja y llegó a la conclusión de que no siempre es buena idea.
Lo que la mayoría de las personas buscan en su pareja no es realmente sinceridad, sino afecto, aceptación, motivación. Por eso, las verdades que lastiman el ego, que ponen en tela de juicio la calidad del afecto o las valoraciones que hace el otro de la pareja no suelen ser bien recibidas.
A juicio de la doctora Dainton, todas las verdades que pueden dar origen a una pelea no valen la pena. Ser sincero en la pareja tiene sus límites. Muchas veces, las mentiras y las omisiones cumplen con la función de proteger al otro y no necesariamente son una forma de manipularlo o de faltar al respeto.
Existen las mentiras blancas o piadosas, esas que se dicen sin alguna importancia, para mejorar alguna incomodidad o no causar un gran malestar, pequeñas situaciones que a veces necesitan de un respaldo con estas pequeñas mentiras.
No obstante, se encuentran las mentiras de gran envergadura, donde están involucrados temas más trascendentales como la fidelidad, la intensidad del amor o el hartazgo. Estas, si tienen gran peso en la relación, y por ningún motivo son justificables, ya que con ellas se está lastimando gravemente la relación y a la pareja.