Ciertamente nuestra naturaleza es estar saludables, es estar en completa armonía con lo perfecto del universo, sin embargo, parece que parte importante del juego es comprender cómo opera nuestra mente y conocer que para sintonizar con todo lo increíble que podemos elaborar, inclusive la sanación, será necesario callar.

Podemos generar cosas negativas, especialmente cuando a nuestro cerebro, por alguna razón, se la da por asumir, que algo importante estamos ganando posicionándonos en alguna situación riesgosa, ya sea enfermándonos, deprimiéndonos, sometiéndonos a situaciones que nos desarrolla un daño, entre otras. Los motivos pueden ser tan distintos, que pueden ir desde la necesidad de llamar la atención, hasta la incapacidad de decir no, pasando por amor propio inestable, temor a la soledad, creencias erróneas, entre otras…
Lo verdadero es que poseemos una herramienta de gran potencia de la cual no tenemos mucha idea de cómo funciona, es como tener una computadora insuperable, con información infinita y no poder tener acceso a la información que tiene en ella. Ahora bien, si bien la mente tiene su universo inentendible, al menos conocemos que mientras más tiempo podamos silenciarla, mayor será el beneficio que adquirimos.
Silenciar nuestra mente nos deja sanar desde nuestra esencia, nos permite mirar el mundo de manera distinta y apreciar lo que realmente tiene valor. Nos deja tomar control por completo desde nuestro “Yo Superior” y desde allí nos es posible aliviar la carga que ha desencadenado en una enfermedad, nos permitimos perdonar, dejar los temores de lado, aceptar las cosas de las cuales estamos en desacuerdo, y aceptar no significa consentirlas, sino más bien reconocer su existencia y transforma nuestra modo de verlas.
Practicar el silencio en tu cerebro y tendrás gran parte del camino de la sanación recorrido. Tu alma conoce exactamente qué hacer, solo permítele la entrada, siéntela y no permitas que la mente, aunque con intenciones de protegernos, le robe protagonismo.