Si tienes que forzarlo, no es tu talla. Esta afirmación es válida para múltiples elementos que de alguna forma tenga que ensamblase con nosotros, ya desde prendas de ropa o relaciones, amistades, entre otras. Muchas de las veces solo nos empeñamos en que algo nos encaje y no nos damos cuenta de que en realidad nos está desarrollando un daño.
Lo que manifestó esto es la falta de amor. Pero no de cualquier tipo de amor, sino del amor propio esencialmente.
“Si no es tu talla, no lo fuerces, el amor no se mendiga”
Debemos comprender que el amor no se mendiga ni se ruega. Si no nos quieren, empeñarnos en que lo hagan es un sacrificio emocional asegurado.
De esto tiene mucha culpa la educación que obtuvimos. Por ejemplo, estamos agotados de que una y otra vez aparezcan en nuestros televisores películas que fomentan la dependencia y que atribuyen a cualquier relación la capacidad de superar cualquier tipo de obstáculo.
Esto no es así, una relación que aprieta y duele nos está impidiendo crecer y oprimiendo nuestra capacidad de poder respirar libremente. Ahora, salir de una relación tortuosa habitualmente no es sencillo y sobre todo, da mucho terror…

“Cicatrizar las heridas que se han generado al forzar la relación”
Que el planeta se desmorona, es que estamos tocando fondo, que no vamos a poder estabilizar nuestra vida sin la presencia de ese ser o de ese grupo de relaciones que tanto nos importaban… Todas estas sensaciones negativas son comunes en situaciones de adversidad emocional.
Sin embargo, esa misma debilidad que tanto nos da miedo puede ser utilizada para reforzarnos. Si echamos mano de la sabiduría oriental para entender esto, comprenderemos que aquello que nos ha ocasionado un sufrimiento también nos proporciona valor. Es más, la hermosura de nuestra rotura dependerá de lo que profundicemos en nuestro interior y de cómo trabajemos nuestro dolor.
Comprendiendo esto, es bueno que coloquemos empeño en bordar con oro los desgarros de nuestras vestiduras, que aceptemos la necesidad de cerrar círculos, decir chao y no dificultarnos la vida intentando una y otra vez encajar un vestido que no nos sirve.
Intentar rehacer un libro con una historia que ya se mostró sin futuro en otras situaciones, empeñarnos en una talla que no es la nuestra, es mentirnos a nosotros mismos. Por eso debemos ser totalmente conscientes de una herida que no se logra curar si estamos enredando con ella de forma constante.