No se siente para nada bien que ames a alguien y ese alguien no te ame, y tener que lidiar con eso es aún peor. A veces ni siquiera hay que preguntar: sus actitudes de indiferencia lo delatan. Se le nota a leguas que no te quiere.

Ante ello podemos tomar varias opciones, y una de las peores es pensar que no nacimos para amar, y sentirnos menos o lastimeros por no tener lo que deseamos. Y es que no vemos el otro lado del asunto, que es valorar el amor como una oportunidad de saber de lo que somos capaces de sentir y de valorar a alguien desinteresadamente.
No entendemos que si esa persona no nos ama es mejor que se quede lejos, que no nos engañe para obtener favores ni que esté con nosotros fingiendo algo que no es sólo para que no nos sintamos tan mal. Quizá en algún momento alguien se ha enamorado de ti y tú no te has dado cuenta de que existe.

O tal vez mañana aparezca el amor de tu vida y te tome algo de tiempo reconocerlo entre tanta gente, y si te encuentras compadeciéndote podrías cerrarle las puertas de tu vida sin darte cuenta. Enfócate en tus otras áreas de vida y disfrútalas al máximo, pues no todo se trata de la pareja.
Recuerda que te necesitas primero a ti para poder estar disponible para alguien más, y aunque te mueras de ganas de derrumbarte, levántate y sacúdete el polvo del desamor para poder continuar porque de lo contrario podrías terminar espantando a todo el que quiera acercarse a ti.
Sal, disfruta la vida, pasea, cómete un helado, ve a la playa y aprovecha tanto tus momentos de compañía como los que compartes sólo con la soledad. Llénate de energías positivas para sacudirte la pena de pensar que amar significa perder sólo porque el otro no te corresponde.