Hay una frase de Juan José Arreola la cual dice, “Si no lees, no sabes escribir. Si no sabes escribir no sabes pensar”. Una facilidad aforística que debe ser el fruto de la labor intelectual de un buen lector.
Edmund Husserl redacta en su Lógica formal y lógica trascendental: “El pensamiento siempre se hace en el lenguaje y está totalmente ligado a la palabra. Pensar, de forma distinta a otras modalidades de la conciencia, es siempre lingüístico, siempre un uso del lenguaje”. Así que si no poseemos palabras, si no tenemos nada de lectura en nuestra mente la cual enriquezcan nuestro lenguaje, nuestro pensamiento será totalmente pobre.

La lectura es el surtidor de las palabras que animan nuestra conciencia es un aspecto fundamental de lo que es un ser humano que piensa en el planeta. Pues bien, podemos existir sin pensar, y algunas veces el pensamiento se vuelve en un ruido que enferma el cerebro, pero en el pensamiento, con el poder de la palabra, tenemos una potencia divina. Como menciona Hölderlin:

“Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,
Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,
Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,
Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente”.