Antes me lamentaba y lloraba por tus desatenciones, antes me echaba a morir porque no me prestabas atención y no hacías más que provocarme dolor y miseria, pero esos tiempos se acabaron y la lamentación le dio paso a la certidumbre de que estaré bien, contigo o sin ti.

Si no aprecias lo que hago por ti, alguien más lo hará. Y esa persona que lo haga será inmensamente feliz, porque se verá recompensado con todo el amor del bueno y la ternura que tengo para dar sin medidas ni concesiones. En cambio, a ti, te deparo un futuro triste y sombrío, lleno de desamor.
Ya no pienso humillarme a estar detrás de ti, persiguiéndote a cambio de una migaja. Ahora me respeto, me valoro y sé lo que valgo. El verdadero amor es equilibrado, igualitario, es ligero para la persona y no una carga. Así que puedes irte, si no te parece, porque no pienso rogarte más.

¿Sabes cuántos hombres estarían dispuestos a hacer lo que sea por tener a una mujer como yo a su lado? La verdad, la lista incalculable. No me queda la menor duda de que muchos quisieran tenerme. Y tú, en cambio, perteneces a esa pobre lista de hombres malagradecidos que no aprecian lo que tienen. Qué triste por ti, honestamente.
Pese a todo, te agradezco enormemente, porque gracias a tu desprecio y desatención ahora puedo valorarme a mí misma, ahora me conozco mucho más y sé que merezco grandes cosas, entre ellas, estar con un hombre que sepa apreciarme y entenderme por lo que soy.
Siéntete libre de hacer lo que te venga en gana porque no le temo a futuro. A las personas que hacen el bien, les va de maravilla y si tú no decides reencausarte, me importa poco. Si tu no me aprecias y valoras como merezco, alguien más lo hará y de mejor manera.