Te aprieta, sientes que te falta espacio y aire y necesitas tiempo a solas.
Crees que es excesiva su presencia y buscas espacio.
Intentas sonreír, pero se nota el esfuerzo que haces, porque sabes que no eres feliz.
Y así, de a poco, el cariño que una vez hubo, se va marchitando y mutando hasta hacerse invisible. Tiempo después, donde una vez existió amor, ahora solo hay pesar y dolor, malestar y rabia, toxicidad y desapego.

No busquemos culpables.
Si te colocas una camisa que te asfixia porque te aprieta, la camisa no es la culpable.
Es así de simple. No te quedes en los lugares donde no tienes espacio, porque incluso en los amores más fuertes, hay lugar para la intimidad individual.
No se trata de desprestigiar el compartir de la pareja, se trata de valorar el hecho de que, por iniciar una relación, no significa que el individualismo se acabe por completo.
Si un amor te aprieta, te ahoga y te sofoca, no es de tu talla. Te queda muy chico y debes romper con él, por tu bien.
Si un amor te queda muy holgado y no te abriga, no es de tu talla. Te queda grande y excede en el distanciamiento.
Debes conseguir tu talla de amor. Lo justo y necesario, lo equilibrado y lo que realmente te haga sentir cómoda.
El amor es un traje el cual te pones, por ello, siempre busca al mejor sastre, ese que entienda cómo es tu cuerpo y qué es lo que necesita tu alma para sentirse amada, pero no asfixiada y abandonada.