Es verdad cuando nos dicen que tenemos un sexto sentido, las mujeres somos muy observadoras que podemos darnos cuenta de todo. Podemos saber cuándo nos mienten y lo que van a ser a nuestras espaldas. Es como un don propio que nos dio el universo. Podemos ver más allá de lo evidente, de percibir de manera intuitiva una situación que no encaje dentro de lo normal.
Es por eso que surge el dicho de “cuando una mujer te pregunte algo, no le mientas, pues ella ya sabe la verdad” Así somos nosotras, cuando presentimos una situación, generalmente ya sabemos cuál es la verdad, es por ello que piensa más de dos veces antes de contestar a una mujer. Ella sabe más de lo que tú crees.
Puede que no sea fácil mantenerse en el camino de la honestidad por motivo que crea sufrimiento, pero lo que sí sabemos es que es un camino corto, ya que la mentira puede llevarnos por caminos bellos y prolongados de paisaje, pero en el fondo sabemos que están sobrepuestos sobre otra realidad, no son más que escenarios fabricados por el momento, pero en el momento menos indicado todo se caerá encima de ti, generando el doble del dolor si decías la verdad.

No importa cuál sea el caso, debemos orientarnos más por la opción que mayor paz nos da, dejemos el ego a un lado y la necesidad de querer ganar, considerando que muchas veces una pérdida puede ser la mayor ganancia. Muchas veces no sirve de nada tener una verdad dolorosa sino vamos a utilizarla, al final eso nos hará mucho daño.
Nada debe de robarnos la tranquilidad, nuestro bienestar y nuestro derecho a sentirnos cómodos en el lugar o situación que nos encontremos. Si tenemos esa capacidad de intuir, de descifrar situaciones, de detectar los engaños, mentiras o cualquier acto que nos pueda afectar, démosle un buen uso. Y el mejor de ellos es preservarnos y protegernos.