La concepción del amor en la cultura occidental ha estado tradicionalmente ligada a la búsqueda de la “media naranja”. En dicha visión, se establece que el amor verdadero o real debe ser total, sin medias tintas, y perdurable en el tiempo, sin importar las consecuencias. Pero existe el peligro de que dicho amor pueda salirse un poco de las manos y se convierta en una obsesión dañina para el que lo padece. Frente a esto, el Budismo tiene la respuesta.

El budismo es una corriente religiosa no teísta nacida en la India hace 2500 años atrás, su fundador fue el príncipe indio Suddharta Gauthama, también conocido como el Buda o “El iluminado”, en sánscrito. El marco conceptual de esta creencia está basado en el poder de la mente y su iluminación a través de la meditación y las buenas acciones, tales como la compasión activa, entre otros.
El Budismo entiende el amor como un estado donde se alcanza una compasión espontánea total con todos los seres, incluso contigo mismo. Es ese momento donde, consciente de nuestro propio Karma y el de los demás, podemos ser más comprensivos y entender con mayor claridad el por qué de sus pensamientos. Esto nos permite amarlos mejor por lo que son sin esperar nada a cambio.

Amar al otro, en el Budismo, significa darle todo el bien que podemos ofrecer sin esperar nada a cambio. Es respetar a esta persona y reconocerla como un ser humano, igual a ti, que comparte la alegría de la existencia y el regalo de la mente. Hay que destacar el concepto de impermanencia en este caso, y es que el budismo no concibe el apego a lo material y menos aún a lo inmaterial, entre eso el amor.
¿Te llama la atención la forma de amar según el Budismo? ¿Quisieras profundizar un poco más acerca de esta filosofía? Te recomendamos empezar a meditar por tu cuenta, a solas, con frecuencia, sin importar tu credo. Lo importante es acallar la mente y conectarse con ese ser superior que es el todo y las partes.