Existen entornos que son muy intolerantes con el sufrimiento de las personas. Reprimen el dolor y el malestar porque los consideran síntomas de debilidad. Sufriendo sin que nadie lo note. A no demostrar la fragilidad del ser humano.
Cuando uno se abstiene a sufrir es como poner un velo sobre una faceta del ser y en definitiva, de la vida. Implicando renunciar a la expresión de una parte importante de nosotros mismos. Tratándose de una acción para agradar a los demás, falseando así nuestras relaciones y nos aleja de nosotros mismos.
Al sufrir sin que nadie lo note, tu salud lo resiente
Cuando uno reprime estos sentimientos hace que se convierta en un síntoma físico, muchas veces se puede convertir en crónico. Ya que el ser humano necesita expresarse para poder mantener su salud psicológico. Ya que puede generar al final malestares como; la migraña, dolores musculares, trastornos alimenticios e infinidades de enfermedades.

Te dejas invadir por culpas falsas
Comienzas a sentirte culpable por experimentar el sufrimiento. Esto es un error, ya que el ser humano sano debe ser capaz de expresar sus sentimientos sin miedo. Sólo las personas que sufren de un desajuste psicológico no lo expresan.

No permites que los duelos se completen
Comienzas a desviar este tipo de etapa que debes vivir para poder superar ese mal momento que estás viviendo. El duelo a no generarse, se transforma en amargura constante. Terminando pintando un horizonte gris oscuro. El malestar persiste y es posible que termines siendo incapaz de identificarlo.

Reduces o anulas el valor de la empatía
Cuando sufres sin que nadie lo note, en el fondo estás valiendo la idea de que cada quien debe bastarse a sí mismo. Pierde el valor en todo sentido la fraternidad o la empatía.

Contribuyes a ser una sociedad más egoísta
La única vía para superar el dolor es expresándolo, dejándolo salir. Este viene a ser el camino para que, con el tiempo, se pueda disolver. Y poder aprender de ello para llegar a la madurez.
