No hay nada peor que tener un mal día y encima encontrarse con una persona mal educada, grosera, molesta y desconsiderada. El problema es que muchas veces nosotros somos la encarnación de esta última persona, incluso sin darnos cuenta. Actuamos de forma desconsiderada y descortés sencillamente porque desconocemos qué es la empatía en la práctica. Para que no nos vuelva a pasar, veamos cómo podemos practicar este valor tan importante.
Ya dijimos que la empatía es ponerse en los zapatos del otro, tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran. Pero pongamos un ejemplo de la vida real. Supongamos que una persona en el trabajo o en el hogar comete un error que te afecta directa o indirectamente, la persona está apenada por su error pero para ti es completamente irritante ¿cómo practicas la empatía en este caso?

Ya sabes cómo te sientes tú al respecto (irritado), pero detente un momento y piensa cómo se siente esa persona que cometió el error. Y si te das cuenta que se siente mal, el siguiente paso es saber cómo deberías reaccionar en consecuencia. En este caso, asumes el papel de la persona que cometió el error, pues aunque seas bueno en lo que haces, eres humano, no eres perfecto y te puede pasar. Entonces, te sientes mal por haber cometido ese error, la otra persona está irritada ¿qué te gustaría recibir de la otra persona? Seguramente te encantaría que te disculpara, que tuviera paciencia y te dijera algo como “tranquilo, no pasa nada, ya lo harás mejor”. Y lo que menos querrías escuchar son críticas, reiteraciones de lo mal que lo hiciste y quejas. Allí está la clave de cómo deberías reaccionar.

Cuando practicas la empatía das exactamente lo que quieres recibir en una situación similar. Ahora bien, en muchas oportunidades no tienes tiempo de conocer la historia de la persona pero por alguna razón debes relacionarte con ella. Aunque tu día vaya muy mal, sé amable por empatía, pues es lo que también quieres recibir de los demás.

La amabilidad es la mejor moneda de cambio
Quien siembra discordia, cosecha ira, pero quien siembra amabilidad cosecha paz. Hasta las discusiones más acaloradas se pueden apagar tan solo usando una pizca de amabilidad. Todas las personas tienen vidas difíciles (algunas más intensas que otras), si aprendemos a responder con gentileza, a mantener un tono de voz adecuado y somos corteses en todo tiempo, evitaremos ser una molestia y la causa de un mal día para los demás.
Practica la amabilidad como una virtud máxima y serás una persona más deseable y un agente de cambio en el sistema.