A veces, cuando alguien nos hiere el amor propio, nos sumimos en sentimientos como la tristeza y la ira. No entendemos por qué eso nos pasó o por qué nos lo hicieron; sin embargo, sentimos que hemos quedado marcadas por el resto de nuestras vidas.
Una vez que se ha instalado el rencor en nosotros, nos es difícil soltar lo que nos hace daño. Aunque se nos haga complicado de ver en el momento, aprender a perdonar es algo que requiere que en primer lugar entendamos que hay que dejar ciertas cosas atrás, y ser honestas con nosotros mismas sobre si estamos listas para aceptar lo que pasó y expresar todo lo que sentimos para sacarlo de nosotras.
Sólo a través del perdón se logra pasar la página. Elementos como una autoestima sana, comprensión y capacidad de tomar decisiones son de gran ayuda al momento de querer soltar la carga negativa que te enceguece ante la posibilidad de ver el lado bonito de la vida.
La idea no es olvidar sino soltar todo lo que nos hace daño y nos mantiene amarrados a un pasado que no podemos cambiar. Siempre tendremos ese evento en la memoria, así que lo que buscamos es no tener sensaciones desagradables al recordarlo.
Cuando intentamos ponernos en el lugar del otro, estamos haciendo uso del amor para comprender que pudo ser que esa persona nos hizo daño sin saber que lo hacía. Que tal vez estaba sumido en la inmadurez, en la ignorancia o en circunstancias que tal vez no podemos comprender ni aceptar. Lo importante de esto no es justificarlos sino liberarnos del odio que le tenemos, pues la vida se encargará de lo demás.
Tampoco se busca necesariamente reconciliarte con ese alguien sino contigo misma, en primer lugar. Cerrar tus propias heridas te facilitará ver lo mejor de esa experiencia y así evitarte episodios similares en el futuro.