En un momento de nuestras vidas hemos sentido temor por querer avanzar algo más con la persona que queremos. Ya que no sabemos si seremos correspondidos. La pensamos un millón de veces antes de poder tomar el siguiente paso de la conquista.
Nosotros mismos nos limitamos hacia el amor, sin querer queriendo. Pensamos que esa persona no se fijará en nosotros y por eso desistimos a no luchar por ese amor. Preferimos quedarnos en el olvido y seguir nuestro camino. Pero siempre hay un momento en nuestras vidas que nos preguntamos ¿Qué hubiera sido si me hubiera arriesgado? Quedándose esa pregunta en el aire.
El amor es un sentimiento que uno debe ser perseverante. Cueste lo que cueste, siempre el resultado vale la pena. Así uno sea rechazado, esa respuesta nos enseña a tener mucho más experiencia en la vida. Aparte nos hace invencibles, porque sabemos que somos capaces de cualquier cosa por lo que queremos.

Si te encuentras en una situación donde estás enamorado de alguien pero tienes miedo de decirle o atreverte a dar el siguiente paso, no lo pienses más y hazlo. Porque es así que creces como persona, a darlo todo por lo que uno quiere. Además la vida está hecha para tomar riesgos, intentarlo, no rendirse y ser muy perseverante. De eso se trata vivir, de nunca quedarte con las ganas, de seguir en constante aprendizaje. Y la única manera de aprender es tener experiencia y para tener experiencia tienes que arriesgarte a vivir.
Un amor no correspondido es muy doloroso, pero al final siempre te recuperas. Lo bueno de vivir un desamor es que te enseña a encontrarte contigo mismo, a darte más fortaleza para seguir creyendo en el amor. A no desistir ante ese sentimiento y ante la perseverancia de conseguir a esa persona especial. Te enseña a ser más fuerte y a soportar cualquier caída.
Puede ser que al inicio no lo entiendas y te sientas arrepentido por haberlo hecho. Pero créeme el tiempo lo dirá y te enseñará que siempre vale la pena haberlo intentado. Y que ya eres un ganador con tan sólo arriesgarte a lo que quieres.