Toda relación exige flexibilidad y apertura, similitud en algunos aspectos y complementariedad en otros. Como ya se sabe, la vida es un universo, lleno de personas totalmente diferentes, cada una es única en el mundo, en la vida.
Por lo que, muchas piensan que, en relaciones sentimentales o amorosas, los polos opuestos se atraen, otras quieren evitar a toda costa las grandes diferencias para prevenir conflictos, otras simplemente prefieren el equilibrio de ambas coas o simplemente no les prestan atención a estas cosas.
La verdad es que todas estas posturas tienen una base razonable. Los que piensan que es mejor una relación con alguien que sea distinto, y por lo tanto complementario, creen que, por ejemplo, dos personas irritables terminaran chocando. Los que se inclinan por buscar una pareja similar a ellos señalan que las diferencias tarde o temprano crean grietas.
También están los que adoptan una posición intermedia. A su juicio, en realidad el punto no es que los dos sean parecidos o complementarios, sino que lo sean en los aspectos correctos. Parecidos en algunos rasgos y complementarios en los otros.
Cuando una persona no tiene una opinión muy positiva acerca de sí misma, frecuentemente se sentirá atraída por quienes son diferentes. Verá en el otro una oportunidad para proyectar o materializar algo que quisiera ser, sin lograrlo.
También está el caso de quienes más que una pareja, buscan una asociación para seguir adelante. El escenario típico es el de una persona insegura y temerosa, que necesita de la fortaleza de otro para que le proteja o le dé el soporte necesario. En principio, esto no es negativo si propicia un crecimiento. Pero si fomenta la dependencia, se vuelve insano.
Así mismo se da el caso de quienes frente a la opción: parecidos o complementarios eligen los segundos, porque ven la pareja como un equipo. A veces casi como un negocio. Por eso piensan que es mejor combinar fortalezas y debilidades para potencializar los logros comunes.
La ciencia también se ha preguntado si es mejor que los miembros de una pareja sean parecidos o complementarios. En la Universidad de Kansas se llevó a cabo un estudio en el cual se examinó a 1.523 parejas. Descubrieron que, en un 86% de los casos, las parejas similares eran más duraderas.
Otro estudio de la Universidad de Michigan llegó a una conclusión similar. Al parecer, lo que más peso tiene es que haya acuerdos en aspectos relacionados con la personalidad, los valores, las actitudes, las actividades recreativas, el consumo de alcohol y el uso de las tecnologías.
Todo indica que algunas veces las personas se sienten atraídas por lo diferente. Esto genera curiosidad y se ve como una oportunidad de explorar nuevos territorios emocionales. Sin embargo, con el tiempo lo que era una novedad comienza a convertirse en una barrera. Las diferencias entonces adoptan un valor negativo.