Ni el dolor es aliado del amor, ni este es un síntoma de estar enamorado. Pero cuando una persona ama de verdad, el sufrimiento que provoca una ruptura o decepción, hace tambalear hasta la persona más fuerte.

Sería mentira si alguien que ha amado de verdad, te dijese que nunca ha llorado por amor. El corazón sufre la peor de las puñaladas cuando una persona nos decepciona y echa a los perros todas las emociones reales que pudimos llegar a sentir por otro.
Ese resquebrajo del corazón, esa sensación de que nos falta el aire cuando sufrimos una decepción, no se supera con nada, y es tan punzante que inevitablemente, doblega nuestro orgullo y nos hace llorar por dentro y fuera.
Si usted nunca ha sentido que el corazón se le parte en miles de pedazos, quizá nunca ha amado.
Si usted nunca ha sentido que se le detiene la respiración al ser decepcionado, quizá nunca ha amado.
Si usted nunca ha visto como la otra persona parece tener el control total de sus emociones, aunque te digas constantemente lo contrario, quizá nunca ha amado.
El amor está peleado con el sufrimiento, y el orgullo es enemigo del desamor. Pero sin desamor no hay experiencia que nos enseñe, qué cosas no debemos hacer para amar correctamente, porque aunque cueste aceptarlo, es el dolor el mejor maestro.