Todos queremos mandar al mundo al carajo luego de que nos parten el corazón. Naturalmente, la confianza es delicada y esta se pierde por completo cuando alguien juega con nuestras emociones. Las heridas y malas experiencias en general, nos forman y nos hacen madurar para convertirnos en lo que somos hoy día.
Somos un cúmulo tanto de buenas como de malas experiencias. Sin embargo, solo quienes mantienen su verdadera personalidad y esencia y maduran su carácter para bien, a pesar de haber sido lastimados, son auténticos.
La autenticidad no se mide por cuan original eres. De hecho, nadie es original en este mundo, siempre tenemos un patrón o una figura a la que anhelamos parecernos, pero a nuestro propio modo. Lo que sí podemos alcanzar es la autenticidad.
La autenticidad es la cualidad de actuar siempre de manera buena para alcanzar nuestros objetivos, a pesar de lo malo y a pesar de que estemos llenos de heridas. Si tomamos la decisión de transformarnos en algo que sabemos que NO somos en realidad, nuestra autenticidad se pierde y la toma de malas decisiones se vuelve un hecho inminente.
Nadie es lo suficientemente importante como para acabar con tu bondad al romperte el corazón. Que tu vida no dependa de si alguien llega o se va y que tu autenticidad no se destruya por las heridas que te causan aquellos que no saben cuan valiosa eres.