Hace unos de días el mundo se estremeció con la repentina desaparición física de otra persona víctima del bullying: Jamel Myles un niño con tan solo 9 años que tomo la terrible decisión de quitarse la vida después de que sus compañeros de clases le decían que se suicidara debido a que era homosexual. De acuerdo con los argumentos de su madre, un par de días anteriores que el niño se quitara la vida le había comentado de que él era homosexual.

”Y se veía tan asustado cuando me dijo. Era como, Mamá, soy homosexual. Y pensé que estaba jugando, así que miré hacia atrás porque estaba conduciendo, y él estaba acurrucado, muy asustado. Y le dije: Todavía te amo”. Leia Pierce madre de Jamel
No obstante de esta expresión de amor incondicional y luego de la aparente relajación de Jamel quien incluso estaba decidido a comentarle a sus amigos de la escuela que era homosexual, el acoso y el abuso fueron más fuerte que el amor y orgullo que él decía sentir hacia el mismo, ¿pero qué ocasiona que el espíritu de un joven termine de esta forma?
Obviamente nunca va a faltar las personas que dicen que es culpa de la mamá por no darle la atención suficiente o por no captar que había algo raro con su hijo. Sin embargo, es de gran injusticia y duro de culpar a la madre por la triste situación que está pasando su familia. Sobre todo cuando todos estamos conscientes de que el bullying es un conflicto que siempre llega desde afuera.
El verdadero problema nunca fue la orientación del joven; sino la personalidad seguramente adquirida de sus padres de los otros jóvenes que en vez de brindarle sus apoyos sencillamente decidieron gritarle que se suicidara. El elemento detonante en si es la educación que cada niño está recibiendo en su casa la cual se rige por un sistema de jerarquías y superioridad injustificada en donde se castiga y ofende al que es diferente con un solo fin de escalar hacia una absurda posición de poder basada en nada más que el terror.

Si bien las respuestas y el final definitivo del bullying todavía parece un tema bastante alejado de la realidad, es ineludible dar los primeros pasos hacia este cambio: por parte de los perjudicados, es necesario que la familia esté en compromiso siempre en escuchar y ayudar a resolver los conflictos de un joven abusado. No podemos seguir recurriendo al pensamiento absurdo de que como uno sobrevivió en la primaria, de la misma manera deben hacerlo nuestros hijos. Estamos en medio de una sociedad evidentemente más sensible; de manera que escuchar y ser escuchado es una gran prioridad que no debe tomarse de forma la ligera.
Los familias de los agresores deben eliminar cualquier señal de abuso de sus hijos. Es momento de dejar el abuso ya sea de forma verbal, psicológica o física. La sociedad debe tomar conciencia de que hay nuevas cosas de las cuales las veíamos como un talud, las persona tiene la libertad de escoger lo que ellos quieran y es algo que todo ser debe respetar.