Se dijo que Patrick Nogueira, le quitó la vida a sus tíos y primos en un chalet de Pioz (Guadalajara), debido a una anomalía cerebral, tenía sus capacidades volitivas y cognitivas limitadas. Sin embargo, el jurado fue unánime. Comprendió que como psicópata, conocía muy bien en todo momento aquello que estaba realzando, que hubo clara intencionalidad y ensañamiento.
Este veredicto, así como la trascendencia de esta historia señalada por la agresión más extrema, ha despertado una vez más el antagonismo entre una parte y otra de la comunidad científica y criminalística. ¿Puede una lesión o anomalía cerebral transformarnos de pronto en unos psicópatas capaces de quitar vidas? ¿Se explica la maldad humana únicamente en términos biológicos?
Distintos psicólogos ponen el punto de atención en un hecho muy concreto: los psicópatas no son enfermos mentales. Un psicópata sabe bien que cosas está mal y que está bien. Aún más, comprenden que múltiples de sus actos son evidentemente inmorales, sin embargo los realizan. El sufrimiento ajeno no es una variable que tenga mucho peso cuando decide.
“La anomalía cerebral y los actos violentos, lo que dice la neurociencia”

Al asesino de Pioz le hicieron distintas pruebas neurológicas. El PET, por ejemplo, enseño que el joven mostraba una baja actividad neuronal en varias partes del lóbulo temporal derecho de su cerebro. Según explicó el propio Patrick Nogueira se debió a un golpe que se dio en la cabeza cuando era adolescente. También dijo en el juicio que bebía alcohol desde los 10 años y que sufría bullyng en la escuela.
Los psiquiatras señalaron que esa atrofia cerebral podía ser un claro marcador de la psicopatía, y que como tal, dicho daño neurológico tenía claras repercusiones conductuales. Investigaciones, como las llevadas a cabo por los doctores Adrian Raine y Monte Buchsbaum en 1997, ya decían también ese tipo de correlaciones entre una anomalía cerebral y los consecuentes actos violentos.
“El impacto de la anomalía cerebral en la conducta según la psicología”

Muchas voces dentro de la ciencia de la psicología admiten, hasta cierto punto, la trascendencia del impacto de la anomalía cerebral en el comportamiento humano. Es decir, puede que haya una predisposición hacia determinados comportamientos, pero no una determinación absoluta.
Es decir, tal y como nos menciona el psicólogo y criminólogo Vicente Garrido, una atrofia o una lesión en un lóbulo cerebral no vuelven a alguien en un sujeto predeterminado para quitar vidas. Una imagen cerebral, por ejemplo, no es una radiografía de un pensamiento ni nos dice lo que ha realizado o puede llegar a hacer ese individuo.
Hay distintos factores y condicionantes. Es más, cuando hablamos de psicopatía, cabe indicar que solo una diminuta proporción de ellos llega a cometer fallecimientos de otras personas. Y el motivo de ello es evidente: pueden escoger entre hacer el mal o no.