Di todo de mí, hasta lo que jamás pensé podría dar, pero al parecer no fue suficiente.
Estaba pendiente de que estuvieses bien, de tus problemas, de tus momentos alegres. Buscaba alegrarte cuando estabas triste y celebrar contigo tus triunfos. Sentía que nuestro amor estaba creciendo vertiginosamente a través de la dedicación y la constancia.
Pero debo admitir que me equivoqué. Y es que un amor no crece de verdad cuando un solo miembro de la pareja es el que se esfuerza, pues por algo están juntos. Y en este caso tú no estabas moviendo ni un dedo por lo que teníamos.

Tuve que entender, con todo el dolor de mi alma, que no me amabas. Porque no me respetabas, no me escuchabas, no me demostrabas nada. Yo esperaba cosas simples, como un beso o un abrazo, o tal vez secar mis lágrimas cuando estuviese triste, pero no me dabas ni eso ni mucho menos.
Siempre esperaste a que yo lo hiciese todo, que fuese yo la que iniciaría y terminaría todo lo que emprendiésemos. Me dejaste toda la carga y tuve que abandonarme para complacerte, mientras yo me agotaba cada vez más hasta hoy que me harté. Tal vez en parte es mi culpa por sobreesforzarme y no ser capaz de ver que no veías la necesidad de hacer nada porque yo ya lo hacía todo.
Pero basta de todo eso. No puedo seguir con alguien que no me valora tanto como lo merezco, así que prefiero estar sola y todo el esfuerzo que hacía por ti hacerlo por mi propio bienestar.
Hoy dejo ir mi carga y emprendo mi camino ligera y expectante ante las nuevas aventuras que me deparan. Aprendí a perdonarte pero eso no significa que te quiera a mi lado de nuevo ni hoy ni mañana. Significa que no quiero el peso del rencor durante mi nuevo viaje.

Y quiero agradecerte porque gracias a esto que vivimos aprendí a saber hasta dónde puedo dar de mí y a estar más pendiente de lo que hace mi compañero con nuestra relación. Más adelante veré si vuelvo a darlo todo por amor, pero hoy daré todo sólo para mí.