La vida es un constate cambio, es cíclica, por lo que siempre estará girando a nuestro alrededor, cambiándonos las piezas y los panoramas. Y por ello, muchas veces nos sentimos en algún momento confundidos, pues a veces nos toca vivir uno que otro tropiezo o momento incomodo, es allí cuando empezamos a preguntarnos si lo estamos haciendo bien.

Ads

Pero, la verdadera razón de todo lo que nos sucede, es que la vida es para vivirla, con todo lo que ello implica, con sus distintos matices de colores. Por lo que a veces viviremos momentos de colores alegres y felices, y otros días nos tocara vivir con colores grises u opacos, de gran tristeza o desesperación.

No obstante, si nos detenemos un momento a analizar las cosas, la vida sería hasta aburrida de mantenerse lineal, sin obstáculos. Si tropezamos, algo debemos tener claro, estáticos no estábamos, lo cual es un buen indicador, pues nadie tropieza en reposo.

Sin embargo, a pesar de tener claro todas estas razones de porque nos suceden a veces una que otra cosa, muchas veces nos sentimos mal por haber vivido algún tropiezo, nos podemos tratar con poca condescendencia y podemos inclusive avergonzarnos por ese episodio.

Ads

Solemos magnificar lo que nos ocurre, pero cuando tenemos la oportunidad de exagerar a nuestro favor, somos más bien prudentes y dosificados. Nos reclamamos intensamente el tropiezo, pero no podemos imaginar las consecuencias de una posible caída.

Lo importante de un tropiezo es que nos permite mirar detenidamente el camino, cuidar los siguientes pasos. Un tropiezo inclusive puede ser el detonante que nos invite a seleccionar otra vía que no hubiésemos podido ver, de no haber experimentado ese tropiezo.

Seamos agradecidos con las señales de la vida, el tener la posibilidad de replantearnos nuestros pasos y evitar daños considerables mayores, representa una bendición en nuestras vidas.

Ads

Lo que no debemos hacer es atemorizarnos o paralizarnos ante nuestros tropiezos, porque más de una vez nos tocará experimentar esa sensación, y eso tendremos que aprender a agradecerlo y a canalizarlo de forma conveniente para nosotros.

Cada paso que damos, aunque no nos demos cuenta con claridad, nos hace más fuertes, resistentes, nos hace tener una visión más amplia y nos conduce a sitios que necesitamos visitar. Nada de lo que nos ocurre pasa por casualidad, ni siquiera los tropiezos, así que miremos el lado positivo de cada situación.