Uno puede pensar que arrojar la puerta luego de una discusión, es una mera actitud impulsiva del ser humano, pero, la realidad es un poco más compleja.

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Detrás de una puerta arrojada con fuerza, hay una conducta primitiva en cuanto que deja relucir en su máximo esplendor, la necesidad de liberar el estrés de la manera más inmediata posible.

Más allá de liberar estrés y tensión por medio del esfuerzo que se hace al arrojar la puerta, también existe un motivo que nace desde el subconsciente.

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Cuando una persona discute o se molesta mucho, su subconsciente intenta cerrar el ciclo que causa la molestia o el sufrimiento.

Arrojar la puerta, es la manera en que el subconsciente deja en claro que necesita y desea cerrar el ciclo, pero ¿Por qué?

La relación entre la puerta y cerrar los ciclos.

Por meros constructos sociales, las puertas determinan la entrada y salida, pero también, el inicio y final de algo. Una puerta abierta representa la oportunidad de empezar una nueva etapa, mientras que el cerrarla, significa cerrar el ciclo.

Al tratarse de un nivel de subconsciente muy profundo, las personas no suelen sentir que el ciclo se cierra tras aventar la puerta, y por supuesto, aunque arroje 100 puertas, la angustia quizá sea la misma y el único cambio sería un marco roto y un brazo adolorido.

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Todo esto no se trata más que de conductas primitivas, como hemos dicho. Debemos considerar el por qué nuestros hijos o pareja arroja la puerta y con la fuerza con que lo hace.

Es una actitud adquirida por sí sola y no suele aprenderse de alguien más, por ellos, tenemos dos opciones, permitir que la personas libere su rabia por medio de aventar la puerta, o tratar de que canalice la molestia de una manera más “educada”.