En una relación afectiva más que los sacrificios lo que importa son los compromisos. Hay un viejo refrán que dice aquello de que “cuando te pisen, recuerda quejarte”. En caso de no hacerlo lo más posible es que una persona coja el gusto de pisarte: asume que no te duele. Este mismo pensamiento la podríamos trasladar a los vínculos con nuestras parejas. Todos podemos sacrificarnos por otro ser en algún momento dado, de hecho es algo común y perfectamente entendible.
Sin embargo, nadie puede pasar por alto que todo sacrificio tiene un precio. Toda renuncia duele. Todo cambio de planes a última hora no es algo agradable. Todo cambio de sentido en nuestro rumbo vital por la otra persona no es sencillo, y también escuece, a veces pesa y hasta hiere, pero aun así lo realizamos de corazón porque estamos comprometidos en un mismo proyecto.
Ahora bien, si la otra persona no aprecia o no es consciente de ese precio emocional (y personal) que implica cada sacrificio, estaremos yendo por mal camino. La confianza se oxidará lentamente, hasta que tarde o temprano germinarán los reproches. Los fantasmas de cada renuncia hecha dolerán, porque cada trozo nuestro arrojado por el camino ya no regresa, se pierde para siempre.
La abnegación sin fronteras en las relaciones de pareja es poco saludable. El prescindir, el ceder, el claudicar hoy, mañana y pasado es un modo triste de aniquilar la propia autoestima y de dar forma a un sucedáneo de amor tan doloroso como indigesto.
“Sacrificios en el amor ¿dónde está el límite?”
A menudo suele mencionarse que los grandes amores, al igual que los grandes logros, requieren mucho sacrificio. Ahora bien, existen sacrificios en el amor que no son admisibles. Es más, son muchos los que continúan pensando a día de hoy, que cuánto más grande sea la renuncia hecha por la pareja, más auténtico y más romántica será esa relación.
Es necesario comprender que no todo vale, que no todo es permisible. En materia afectiva no hay que inmolarse, porque los sacrificios en el amor no deben ser sinónimo de abnegación, ni mucho menos construir una pira donde lanzar los propios valores, la identidad y el corazón de la autoestima. Hay límites, hay barreras de contingencia que es necesario conocer.
“La disposición al sacrificio es mejor que el sacrificio continuado”

Los psicólogos Van Lange, Paul AM, Rusbult y Caryl E, Drigotas, hicieron una interesante investigación que apareció publicado en el Journal of personality and social psychology. En él demostraron que una de las variables que más predecía el compromiso, la estabilidad y la felicidad de la pareja era la disposición al sacrificio.
- Es decir, una persona no necesita que su pareja esté seguidamente haciendo renuncias o cesiones a su favor. Lo que valora es saber que llegando el momento, si se da algún tipo de circunstancia puntual y extraordinaria, el ser querido será capaz de llevar a cabo ese sacrificio por él o ella.
- Saber bien que en los momentos más necesitados vamos a contar con ese apoyo incondicional y absoluto de la otra parte, es lo que nos confiere realmente, seguridad y satisfacción.
“Sacrificios en el amor y deudas emocionales”

Todos sabemos que el amor implica compromiso. También tenemos claro que en momentos, estamos obligados a llevar a cabo algún que otro sacrificio para que esa relación tenga un futuro, para que se consolide tal y como queremos.
Ahora bien, en algunos momentos el sacrificio en el amor puede transformase en una deuda. De hecho, hay quien lo usa como licencia para la extorsión emocional: “con todo lo que hecho por ti y tú ahora no eres capaz de renunciar a esto”, “con las cosas que he dejado atrás para estar contigo y ahora me vienes con ese acto tan egoísta…”
Este punto, el de las deudas, es un detalle que no podemos dejar de lado por lo siniestro de su esencia. Porque hay quien comprende el amor en términos absolutos y por supuesto, extremos: yo te lo doy todo pero tú también me lo debes todo.
Para finaliza, los sacrificios en el amor, mejor los justos, puntuales y justificados. Porque recordemos, en materia afectiva no hay por qué ponerla a un lado lo que somos, no hay por qué borrar lo que valoramos o aquello que nos define como individuo.
Podremos hacer muchas cosas por la persona que amamos, incluso llevaremos a cabo alguna que otra renuncia… Sin embargo, hay barreras rojas infranqueables, como ceder ante chantajes o volvernos en algo que no somos…