No supliques que se quede. Si se quiere ir, que se ponga en marcha y adelante, adiós, y hasta nunca. Nadie es tan importante como para necesitar de tus súplicas y nadie vale tan poco como para pedirle a otra persona que, por favor, no se vaya.
Nacemos con la cualidad de ser la pieza de rompecabezas de otra alma, sin embargo, debemos ser muy selectivos al momento de saber quién será dicho rompecabezas, porque en esto del encaje del alma, no existe cabida para el “destino”. No hay una corazón creado y predestinado para ser tu otra mitad, uno se abre camino entre almas que buscan lo mismo que tú y sencillamente, a veces tenemos la suerte de encontrarle y a veces no.
La diferencia la hace quien decide quedarse, no porque se lo pidan, sino porque esa persona sabe el valor que tienes como individuo y como acompañante. Por eso, antes de hacer cualquier acción que pueda afectar a tu pareja, pregúntate si realmente esa persona merece que hagas lo que quieres hacer, sea para mal o sea para bien.
Nuestras acciones determinarán qué tanto queremos que la otra persona se quede, o se vaya. Y si hemos hecho lo necesario para demostrarle que queremos que se quede, pues ya no hace falta pedírselo, y si aún así, prefiere marcharse, pues deja que se vaya y sigue intentando con un nuevo corazón, que tarde o temprano, llegará alguien que decida quedarse, incluso, cuando le pidas que se vaya.