Enojarnos es normal, es un proceso que depende directamente de nosotros. Nadie puede molestarse por mí, pues soy yo la que decido en mis sentimientos y en la manera que asumo los acontecimientos que me rodean. Es por ello que no puedo involucrar a los demás en mi enojo.
Siempre he pensado que los grandes problemas que tenemos en la vida o las diferencias que en ocasiones tenemos con otras personas, estriban directamente de la suposición. Suponemos que una persona está hablando mal de nosotros, entonces tomamos una actitud hostil y negativa, pero no enfrentamos. Suponemos que esa amiga cambio con nosotros porque ya no le interesa mi amistad, pero no nos comunicamos, y así un sinfín de posibilidades que nos llenan la cabeza de situaciones negativas y que terminan por sabotearnos en algunos casos nuestros procesos de vida.
Alguna veces asumimos que las cosas son de un modo y no nos tomamos el tiempo de ver o estudiar las posibilidades, que pudieron cambiarla o modificarla. Nos tomamos mucho tiempo para suponer y no para actuar.
El enojo es un proceso de aprendizaje, ¿Por qué?, pues porque va de la mano de nuestro accionar y de nuestros errores. Nadie te indica que debes enojarte.
Cuando nos enojamos demostramos que estamos molestos con algo que nos está sucediendo o con algo que no sucedió y esperábamos que así fuera, es allí donde entra la suposición y no la acción.
Un enojo mal canalizado, puede afectar seriamente nuestra relación con los demás. Es allí donde entra el aprendizaje, pues debemos entender que el enojo es nuestra decisión y no la de la otra persona.
Algunos muestran su enojo de manera errónea y culpan a los demás por sus desventuras o tropiezos, canalizan mal su malestar y lo manifiestan con gritos y reproches. Generalmente estas personas, tienen un problema de asumir responsabilidades y esto implica una gran inmadurez que deben corregir. Es un proceso de aprendizaje, que tiene que asumir cada individuo.
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