No me conformo con un “buenos días” de tu parte. Ni siquiera con un desayuno a la cama o un “quédate 5 minutos más”. Nací inconforme de cariño porque aprendí que mi corazón es demasiado grande como para llenarse con poco. Aprendí que quien quiera estar a mi lado debe saber medir la calidad de detalles diarios que me ofrece, y digo cantidad, porque no se trata de que me regalen un viaje, peluches, cenas costosas ni nada de eso con que logran comprar a las mujeres baratas.
No, para que alguien logre conquistarme a mí, debe regalarme las mejores noches de su vida, y no hablo de llevarme a la cama. Hablo de querer quedarse conmigo toda una noche despierto hablando de cualquier tontería porque disfruta el tiempo que pasamos juntos y se da cuenta que dormir sería un desperdicio de él. Y que, en caso de dormir, se asegure de colocarme en sus sueños para así hacernos compañía siempre porque me gusta esa forma un poco enfermiza de amar, que ralla lo obsesivo y que algunos tachan de intenso.
Si quieres enamorar a alguien como yo, asegúrate de no pedirme que me quede 5 minutos más al amanecer, sino toda una vida entera, porque me encantan las cosas que duran para siempre y no esos amores fugaces que van y vienen y se prometen eternidad… Eternidad que no dura ni tres meses.
Así que, no te cohíbas al ser apasionado conmigo, pues entiendo que la sensibilidad parece enemiga de la virilidad, pero en mi caso, prefiero que seas sensible para que comprendas mis emociones, y ya luego, puedes volver con la virilidad, si eso te hace sentir más seguro de tu masculinidad, pero, mientras me ames, debes siempre dejar de lado tu orgullo y regalarme tiempo, así, como yo te regalaré mi vida entera.