Nunca hagas por otros, los que ellos no pueden hacer por sí mismos. Ayudar a los demás de manera desinteresada, con el papel de salvador, puede hacer mucho daño. En otras palabras, no des pescado en bandeja de plata, mejor enseña a pescar.
Por otra parte, si vamos de caritativos a ayudar a alguien que no ha solicitado tu ayuda, puede ser un error. Muchas persona interpretan esta acción como una forma de decir que crees que son incapaces de hacer alguna tarea específica en la cuál le estas ayudando. Sé que puedes ser impulsado por un sentimiento de bondad auténtico y generoso, pero también, la motivación puede convertirse en un deseo de que los demás dependan de ti, de forma secreta, casi involuntaria o inconsciente.
Suena loco, o raro, lo sé, pero es algo respaldado por muchos psicólogos que han evaluado la conducta social y el asunto del “apoyo” dentro de ellas. Con la ayuda ilimitada que ofrecemos a otros, buscamos que nuestros allegados, aquellos que reciben ayuda tuya, se vuelvan egoístas-pasivas. Por otra parte, estimulamos la falta del desarrollo y aprendizaje para solucionar sus propios problemas.
De este modo, la mejor ayuda que puedes ofrecer a alguien, es enseñarle cómo superar sus problemas, no superarlos por esa persona. No le evites el esfuerzo a nadie, muéstrales cómo ser fuertes y así ellos serán futuros embajadores de la enseñanza también.