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No hace falta que vuelvas a preguntar cómo estoy; Te olvido, tal y como querías.

Posted on February 2, 2018 by admin

Posiblemente has olvidado las últimas palabras que me dedicaste en la tarde que decidiste romper con mis ilusiones. Me pediste terminar lo que habíamos construido y yo, pues no quería. Aun así, puedo decirte que lo que viví después de ti, no fue para nada agradable.

Me dijiste “Sé feliz”, “olvídame” y “encuentra a alguien que te dé lo que yo no puedo”. Al menos te aplaudo que hayas tenido el valor de decírmelo en mi cara, pero con tan poco remordimiento y convicción de que pronto, muy pronto, estarías feliz sin mí a tu lado.

Te importó un carajo lo que sentí por ti, o todo lo que había sacrificado para que estuviésemos juntos, por un momento juré que nada de esto había valido la pena. Luego de que te fuiste, pasé horas que parecían días frente al espejo, preguntándome en qué fallé y qué hice mal.

Por increíble que parezca, decidí hacer lo que me habías pedido, así, como si cumpliese un último favor para ambos. El tiempo hizo lo suyo y me fue cociendo el corazón con las agujas del reloj. De a poco fui olvidando lo que sentía, pero acepté que nunca te olvidaría a ti, porque me enseñaste que los amores nunca mueren, solo cambian de lugar en la memoria y el corazón.

Me sorprendí de lo rápido que me recuperé de todo este desastre, porque estoy segura de que te amé como a nadie y te entregué todo de mí, e incluso, me devolviste incompleta, pero recuperé cada pieza de mi ser. Así que, no, no sentí deseo o anhelo por volver contigo luego de que sané, aprendí que merecía alguien mejor.

No intenté sacarte del baúl de los recuerdos donde te dejé guardado; tampoco me preocupaba ya de si me extrañabas o me quisiste, aunque de vez en cuando, me permitía traerte a la memoria, así, como un recuerdo fugaz el cual no oculto pero que ya no lastima ni tampoco anima a volver al pasado.

Un día decidiste ir tras una posibilidad de reunirnos, así, de repente y sin avisas. Me pediste que nos viésemos en un lugar, de esos que frecuentábamos al inicio de todo. Me solicitaste un café y una charla del pasado. La posibilidad de reencontrarme contigo no me reanimó ningún interés muerto y te dije, serenamente “Déjame en paz”.

La intriga no te dejó tranquilo y preferiste contactarme de nuevo, pues en tu mundo de fantasía, parece que nadie te rechazaba u olvidaba.

Los amores que vale la pena guardar, son esos que te llegan hasta la médula de los huesos, los que valieron realmente la pena y los que pelearon hasta partirse las almas por mantenerse unidos. No vale la pena guardar el sentimiento por esos amores caprichosos que mueren a la primera tempestad. Así que hoy, puedo decirte “Gracias, pero estoy mejor sin ti; me siento feliz, te olvidé y ya estoy con alguien mejor que tú”.

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