No echemos de menos al que se fue sin que nadie se lo pidiese.
No extrañemos a la persona que vino solo de paso como una estrella fugaz.
No busquemos guardar en la memoria al que no quiso quedarse en el corazón.
Y dejemos que siga su camino aquel que no valoró lo que le ofrecimos.

El amor es la forma más ambigua de sentir emociones. Quisiéramos, muchas veces, que aquel que nos gusta, pero no gusta de nosotros, se quedase, y que aquel al que le gustamos, pero no nos gusta, se fuera.
Nadie es culpable o malo por no querer a otra persona, pero sí existe cierta responsabilidad en el tiempo que esa otra persona invierte en ti. Está en nuestra potestad, decirle “NO” a tiempo, para que su tiempo no se pierda en vano. Recordemos que ese es el bien más preciado que cualquier persona puede darnos.
Así que, dejemos ir al que no valora el tiempo que ofrecemos.
No extrañemos a alguien que mira con ojos enamorados, a un horizonte distinto.
Que no nos pese en el alma, si sus labios llevan otro nombre, y que no nos importe si su corazón grita de amor por otra persona.
No le demos importancia a quien decida irse, a quien prefiera no quedarse, a quien ya tiene el fin de amar a otra persona; porque darle importancia, significa aferrarnos a algo que nos hace daño.