No esperes que si de ti recibo solo ausencia, de mí, recibas tiempo. Me enseñaron a dar en la justa medida que recibo, ni más ni menos. Eso es saber balancear el amor. Me enseñaron que la dignidad condiciona la capacidad de exigir a un amor honesto y sobre todo, nos ayuda a aceptar al amor que creemos merecer.
Si creemos merecer un amor mediocre, que no da y solo recibe, quizá deberíamos echar un ojo dentro de nuestro espíritu y ver por qué razón nuestra dignidad no reconoce el desbalance que hay en la relación.
Olvidemos la estupidez de que los amores son incondicionales y que uno siempre puede dar sin recibir nada a cambio cuando se ama de verdad. Esa frase o idea la inventó alguien que definitivamente no tenía una pizca de amor propio dentro de sí, alguien que se le olvidad el concepto de la dignidad y alguien que sencillamente, no sabe nada del amor.
Hay que exigir cuando damos amor, porque el amor nos da el derecho de exigirnos a nosotros mismos sentir lo mismo que ofrecemos o largarnos de ese lugar donde no estamos sintiendo nada, ni siquiera agradecimiento por lo que damos.
Hay que aprender a reconocer el valor que se tiene. Debemos entender que todos los seres humanos, sin excepción, no pueden vivir del amor cuando solo se da sin recibirlo. Al dar, estamos quitando una pieza del rompe cabeza de nuestra alma, la cual debe ser sustituida por la pieza de esa persona que adopta nuestro pedazo. Eso se llama, complementar el espíritu y amar correctamente.