Lo digo con toda sinceridad. Soy la que se despierta por las mañanas y prepara el desayuno, yo soy la que lidia con todas las cuestiones laborales, yo soy la que cumplo mis caprichos. Sí, porque no necesito a nadie que lo haga por mí. Porque nadie me conoce mejor que yo y porque mi vida no depende de si alguien llega o se va.
No, no lo tomes como un pre-aviso de que pretendo dejarte ir, porque quiero que estés a mi lado, pero quiero que tengas en claro que, así como anhelo tu compañía, con esa misma intensidad, anhelo a la persona que soy por mí misma.
No es ser egoísta, sino saber amarse y valorarse por encima de cualquier otra persona, porque solo así, solo cuando estás dispuesta a quererte tanto como para reconocer que tu soledad es valiosa, puedes entregarte a las personas que de verdad han luchado por ganar tu corazón.
Y si tú luchaste por ganarte el mío, significa que yo acepté que tu compañía es más interesante que mi propia soledad. Así que, valora cada minuto, cada segundo que paso a tu lado, porque yo también lo hago.
De nuevo, no es un asunto de tener el ego por las nubes, sino de aceptar que, aunque acepto que puedo vivir sin ti, preferí no hacerlo, porque decidí darte la oportunidad de compartirte mi vida, así como tú decidiste abrirte hacia mí y dejarme entrar en tu corazón.
Por ello, no eres tú, soy yo la única que puede hacerme feliz, pues yo decido quien entra y quien sale de mi vida. Soy yo quien decide cuando estar sola y cuando acompañada… En definitiva, soy yo quien puede irse o quedarse en los lugares donde me haces muy feliz… O muy triste.