Quien te ama de verdad, te querrá tal y como eres, con virtudes y defectos por igual. La única persona que decide si cambiar o no por otro, eres tú. Nadie tiene la potestad de pedirte que lo hagas.
De hecho, si vemos a la “mejoría” de la persona como un cambio, entonces sí, las personas cambiamos por aquellos que realmente amamos sin que se nos pida. Está en nuestros genes el querer ser mejor por esa persona especial, porque creemos que son dignos de recibir la mejor versión de nosotros.
El temor a que se cansen u obstinen de nuestros defectos, es quizás el segundo motivante para mejorar. Sin embargo, me gustaría que hicieras este ejercicio con la persona que amas, que de seguro ya los ha hecho, pero ahora, lo harás de la siguiente manera:
Pregúntale sobre sus defectos, y escucha bien lo que dice. Muchas veces, esas cosas que las personas ven como defectos en sí, a los ojos del enamorado, no lo son. Resulta que muchos de esos defectos se vuelven parte de la personalidad y nada más. Te hacen decir “Bueno, pero yo no lo veo como algo malo, es que simplemente eres así y ya”. Y de cierto modo, estás en lo correcto.

Una de las cosas más difíciles es señalar nuestros propios y verdaderos defectos, por lo cual, tendemos a confundirlos con cosas que simplemente, no nos gusta de nosotros, pero que, por nuestra personalidad, están ahí, incrustado en nuestra manera de ser. Y no porque no nos gusten, quiere decir que sea malo.
Entonces, procura evaluar realmente, los defectos, y no aquello que simplemente no nos guste ser, y así sabremos realmente qué tenemos que mejorar como persona. Recuerda que el ejercicio de intentar ser cada día mejor por alguien más, es una de las mejores muestras de amor.