Hay una diferencia entre querer y amar que es muy grande. Querer es un sentimiento de apego y cariño que sentimos por una persona. Le anhelamos y posiblemente todo ese sentimiento, esté dirigido por un deseo, ya sea corporal o emocional. Por otra parte, amar es una acción. Uno puede tomar la decisión de si amar o no a alguien. De tal modo que una persona tiene más dominio sobre el amar, que sobre el querer.

Muchas personas, luego de entender que el querer es un reflejo directo de una emoción, creen que esto es más difícil que amar, pues se trata de un sentimiento que muchas veces decidimos no querer sentir por otra persona. Pero la verdad es que a pesar de que querer sea distinto al amar, ambas van en el mismo saco y amar se torna más difícil que querer por esta razón:
Cuando queremos, suele ser porque la otra persona actuó de tal manera con nosotros, que logró ganarse nuestro cariño. En tal caso, no hay un “no me vuelvo a enamorar” que valga, porque es una emoción que nace casi de manera involuntaria. Pero la realidad es que podemos llegar a sentirnos así, enamorados, por casi cualquier persona que nos brinde atención y nos ofrezca la luna.
Caso distinto sucede cuando decidimos amar. Es acá cuando nos ponemos analíticos y pensamos, ¿Realmente vale la pena entregarme por completo por esta persona? ¿Merece que haga cosas que nunca he hecho, solo porque lo amo?
Empezamos a llenar nuestra mente de dudas, tratando de convencernos o no, de si vamos a amarle. En tal sentido, esta persona ya debería dejar de haber ofrecido la luna y comenzado a tratar de llevarnos a ella, porque las emociones del querer, nos hacen prometer muchas cosas que quizá no podamos hacer, pero es por amor que logramos realizarlas.
Por eso, no te entregues al primero que te ofrece bajarte la luna, porque todos pueden hacerlo estando enamorados. Mejor, entrégate a aquella persona que con cada acción, intenta llevarte a dicha luna, porque así sabrás si te ama o solamente te quiere.