Ni siquiera las peores relaciones son una pérdida de tiempo. Quizá no estés de acuerdo con eso, pero déjame explicarte cómo funciona en realidad. Las relaciones, tanto buenas como malas, no se pueden evitar. Son parte de nuestra vida y debemos aceptarlas, pero ojo, no por aceptar algo quiere decir que no le dejemos ir. 
Las relaciones no son una pérdida de tiempo, pues cada una de ellas, hasta las peores, deja cierto grado de experiencia. Por ejemplo, una buena relación saca a relucir que no todas las personas son iguales y que ciertas conductas de nuestra propia personalidad, son correctas para cierto tipo de personas. Por otra parte, las relaciones malas, aunque se crea que fue una pérdida total de tiempo, te enseña a valorar cosas que quizá antes no hacías. Lo más probable es que una mala relación te enseñe a apreciar tu amor propio y dignidad, a quererte un poco más y a no ser tan confiada.
Eso, no es malo, es una buena experiencia que te ha quedado de un trago amargo. La sabiduría se forma tanto de buenas como de malas experiencias, y una persona que solo haya tenido buenas experiencias, no sabe cómo está compuesta la mitad de su vida, pues aún no la ha vivido.