Todos alguna vez en nuestras vidas hemos tenido un amor que ha sido muy difícil de olvidar. Nos ha tomado hasta años poder dejarlo atrás de nuestras vidas. Hasta pensamos que nunca lo íbamos a lograr, y que siempre íbamos a vivir debajo de ese margen que esa persona creo sobre nosotros.
La decisión de dejarlo fue muy difícil, porque aún existía ese cariño, ese amor por querer estar con esa persona. Pero fueron sus actitudes, su falta de entrega lo que hizo que uno se aleje. Que uno termine con una relación que no iba para ninguna parte. Comenzaste a sentirte incómoda/o con esa persona, sintiendo que siempre eras tú la que tenía que esforzarse para que la relación salga adelante. Dependías de las decisiones que se tomaba sobre esa relación, porque a esa persona siempre le daba igual.
Comenzaste a sentir que la relación era unilateral, ya que tu ex pareja no ataba ni desataba nada. Pero eso sí, siempre estaba exigiéndote amor. Te reprochaba cuando no le demostrabas el amor suficiente, o no tenías tiempo para él/ella. Quería que tu mundo gire alrededor de esa persona, no le tomaba interés a tus cosas personas.

Eso fue estresándote y provocándote un tipo de rechazo ante esa persona. Estabas con él/ella en las buenas y en las malas, festejando siempre sus alegrías y apoyando en sus depresiones. Pero cuando tú le contabas algo, lo que podía decir de tus alegrías era una palabra de felicidades y en los peores momentos un abrazo seco sin ninguna comprensión.
Tenías que salir de esa relación tóxica, que no hacía más que asfixiarte, estresarte y llenarte de ira por el comportamiento indiferente de esa persona. No podías soportar más su falta de dedicación, compromiso y respeto por ti, por haberlo entregado todo. Tenías que recuperar tu dignidad y seguir con tu vida. Lo más importante aquí es tu felicidad y el amor que te tengas para poder salir de ese tipo de relación y encontrarte para ser cada día una mejor persona.