Hoy es uno de esos días en que no me provoca sino echarme en la cama y olvidarme de todo. Me tocó trabajar horas extra en la oficina y estando agotada me encuentro con la misma escena de siempre: la soledad de mi habitación adornada por una lamparilla de mesa y un reloj de pared regalo de mi abuela materna.
![]()
Y por más que cambie todo de posición, el paisaje sigue siendo el mismo. Voy a la cocina a comer algo ligero antes de disponerme a dormir sólo para darme cuenta de que no logro conciliar el sueño por más vueltas que dé.
No paro de pensar en las cosas que podría estar haciendo en este momento en vez de estar acostada, y en una de esas me quedo mirando la foto que tengo en mi repisa. Se trata de una escena donde aparecen mis amigas de la universidad conmigo, sonrientes todas, en una de esas increíbles salidas que solíamos tener.
Casi logro sonreír del gusto en ese momento, aunque recordar lo sola que estoy frustra la sensación agradable. Saber que nadie está a mi lado para consolarme me recuerda lo diferente que podrían ser las cosas si tan sólo estuvieses aquí, al menos esta noche, dándome el más inmenso de los abrazos…
![]()
Y es que con uno basta, sí. Uno de esos que dan la espalda al tiempo y a las circunstancias. Uno de esos que a pesar de que te quita el aliento te da vida.
Ese que al recibirte ahoga las penas de las dificultades propias de la vida, cuando llegas tan cansada de trabajar y de hacer mil cosas que no tienes ánimo ni de comer un solo bocado. Sentir un par de brazos firmes rodearte un buen rato entibian hasta el día más frío, y alejan del dolor y la melancolía.
Es por eso que hoy, justo en este momento, necesito un abrazo de esos que hablan por las palabras. De esos que me dabas a cada momento, que me daban la fortaleza para seguir adelante a pesar de lo malo y me llenaban de la compañía que hoy no tengo…