La sociedad se ha ido acostumbrando a lo fácil. Dale dificultad a alguien para abrir tu corazón, y se cansará. Se hartará de intentar llegar a tu interior y se irá en búsqueda de la opción que abra primero las piernas.
Porque así son, no les gusta el reto, no conocen el placer de enamorar a una persona que no se entrega a la primera y tratan de acallar esa obviedad en sus cabezas, porque en el fondo saben que no es algo digno de admirar.
Hacen oído sordo al hecho de que no pudieron dominar a una persona que supo amarse primero que nadie. Les incomoda que las otras personas tengan tanto control en sus propias vidas que prefieren pasar de largo y mezclarse con los humanos más básicos y superfluos.
Ellos saben que lo que llega fácil, fácil se va. Ignoran el hecho de que, si algo se consigue tan rápido, quizás no valga la pena buscarlo. Porque lo difícil es lo que realmente tiene gracia y placer de ser alcanzado.
Es como cuando te gradúas en el colegio o la universidad. No es lo mismo el placer de obtener un título por el cual trabajaste 5 años, a el “placer” de un título que conseguiste en una semana.
El esfuerzo por alcanzar al corazón de otra persona, garantiza la perdurabilidad de las emociones que has provocado en él. Así que, hazte un favor, nunca seas la opción fácil de alguien más y que la dificultad para alcanzar tus emociones, sea proporcional a tu dignidad.