Debemos tener siempre en cuenta que los únicos que debemos amarnos somos nosotros mismos, nadie está obligado a amarnos, solo nosotros. Mucho menos, a darnos la razón siempre en todo, a opinar lo mismo que nosotros, a estar de acuerdo con nuestra forma de pensar o a aprobar lo que hacemos. Es ley de vida.
Es un total desperdicio y perdedera de tiempo si podemos llegar a pensar que todo el mundo debe querernos o amarnos. Es inútil pretender que otra persona nos quiera por cómo somos o acepte todo de nosotros. No podemos encajar ni gustar a todo el mundo. Y esto siempre debemos tenerlo presente.
Nacemos y nos mantenemos libres para tomar las decisiones que deseemos, para recorrer nuestro camino y que todo ello nos lleve junto a personas que sí quieran estar a nuestro lado, no de forma pasiva, sino desde una actitud de trabajo y esfuerzo.
Libertad, es eso lo que debería caracterizar a las personas, debemos sentirnos libres en todo momento, tener libertad de hacer lo que queramos siempre y cuando no ocasionemos daño a otras personas.
Nadie debe estar atado a personas que en algún momento juraron amor, todos tenemos derecho a dejar de amar, si así lo sentimos. Pues a veces llega el momento, en que simplemente el amor se acaba. Y debemos estar porque queremos y no por compromiso.
El amor es un sentimiento que no necesita de ruegos, quien nos ame lo hará porque le nace y así lo desea, amarnos sin nada a cambio, inclusive si no somos capaces de corresponder a ese amor, porque el amor es infinito como el universo mismo y no impone condiciones, quien las imponga simplemente no ama. El amor no tiene la retención ni siquiera de obligar a que sea correspondido.
Y sí, eso es el amor, es eso que nace y perdura sin esperar nada, sin pretender, sin exigir, sin demandar.
Y aunque en algunos casos nos cueste aceptarlo, nadie está obligado a amarnos. Solo debemos comprender que el amor se profesa a través de la belleza del alma y no a través de presiones.