En la vida existen situaciones que trascienden en nuestra vida, unas nos hacen ser más nobles, otras nos enseñan a ser más fuertes. En definitiva, cada situación, cada etapa, cada experiencia es una enseñanza para ser mejores.
Sin embrago, es después de afrontarlas que comprendemos las intenciones ocultas en cada situación. Pues en la vivencia de cada una no se comprenden con exactitud. Especialmente esas situaciones o momentos difíciles, en donde a primera instancia aparece un panorama turbio y obscuro, y que nos derrumba por un momento.
Este momento puede ser escaso o prolongado, solo queda por parte de nosotros su estancia. El tiempo que queramos otorgarle es nuestra decisión, pero, solo una cosa es segura, son los momentos difíciles los que nos hacen más fuertes.
No importa cuánto duremos en el trance de derrumbe, en el momento que aceptemos que esa etapa ocurrió por algún motivo, y nos enfoquemos en afrontarla, en avanzar, comenzaran los cambios para mejor, en una perspectiva positiva y optimista.
Cuando se habla específicamente de las relaciones amorosas, es frecuente la existencia de parejas en donde no existe un equilibrio, en donde inclusive la buena intención de una de las partes puede ser sometida a discusión.
Donde alguno evidentemente ama, cuida y respeta más al otro y donde alguno se está viendo emocionalmente afectado por hechos específicos o generales de la pareja.
No obstante, lo único cierto de toda la situación, es que cuando se ama, es fácil engañarse, es fácil dar oportunidades, confiar y justificar las acciones en donde podemos sentir el desamor del otro.
Pero, lo más difícil puede ser sincerarnos en cuanto a lo que estamos recibiendo, reconocer que no estamos siendo valorados y a partir de allí tomar una decisión por más dolorosa que sea.
Se dice que hay muchas maneras de amar, como personas hay en el mundo. Pero, el amor no debe causar dolor ni sufrimiento.
Algunos podrán afirmar que nos aman de alguna extraña manera, pero si ese amor no nos satisface, no nos llena, no nos hace sentir especiales en la vida de esa persona, por muchos adjetivos que se le pueda colocar, muy probablemente no sea el amor ideal para nosotros.
Si no somos prioridad para alguien, lo más sano es aceptarlo, sufrir lo que se tenga que sufrir, pero darnos la oportunidad de construir nuestras vidas en función a lo que queremos y lo que nos merecemos.
Amémonos con tal intensidad, que podamos protegernos inclusive de nuestras malas decisiones, apostemos porque la vida está dispuesta a darnos lo mejor, no nos conformemos con menos de lo que queremos. Solo en nuestra mente están esas limitaciones.