Los celos son emociones emitidas en todos los seres humanos, incluso hasta en los animales. Tanto hombres como mujeres reciben esa respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera propio.

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Comúnmente se denomina así a crear una posibilidad que induce sospecha o inquietud de que la persona amada preste atención en favor de otra generando incomodidad. Aunque los celos son malos consejeros tanto en hombres como en mujeres, se dice que resultan más contraproducentes los celos en las mujeres.

En consecuencia, una mujer celosa, puede resultar un peligro inminente para la sociedad, pues cuando se está ahí se deja de pensar, de razonar, de darle rienda suelta al cerebro más que al corazón. Se deja dominar fácilmente por los impulsos que son causados por esa situación amarga de disgusto al ver en peligro la relación.

Y es que los celos nos nublan la mente y la razón, por la que, aunque resulte complicado, las mujeres deben guardar compostura ante tal situación.

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Aunque, siempre, de alguna u otra manera, las mujeres seguirán siendo damas dirigentes, en donde los celos se apoderan de estas de una manera inexplicable, todo con el fin de dejar de lado la compostura, y convertirse en todo lo contrario a ser una dama.

Los celos son malos y dañinos; no importa del lado que vengan. Y, mucho más allá que eso, hace que en momentos las acciones se conviertan en escenas desfavorables, aunque sea completamente natural sentirlos, no tiene ningún sentido echarse a morir por ellos.

Y es que es a través de los celos, que nos volvemos completamente peligrosos cuando nos damos cuenta que la persona a la que tanto queremos nos engaña de alguna forma.

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Es esa sensación la que nos pone de cabeza con ganas de llevarnos a todo el que se aparezca en frente. Los celos son tan peligrosos para las mujeres, y para los demás, nos hacen muchas veces quedar en una situación incómoda, y como personas inmaduras y sin sentido común.

Algunos celos, se convierten en enfermizos a tal punto de llevarnos a hacer una locura, por ello es importante no dejarse dominar por los celos, y rápidamente tratar de entrar en razón. Una razón que, aunque demos por pérdida, siempre está ahí para oxigenar nuestra mente en algún momento de desequilibrio.