Algunas veces no resulta fácil poder rescatar una mentira, normalmente poseen un efecto de bola de nieve, donde de una mentira se pasa a otra y a otra y a otra y así… el mentiroso explora los senderos de la ingenuidad, la benevolencia e incluso de la actuación de quien puede o no ya conocer más que suficiente.
En distintas ocasiones una persona por fines estratégicos, simplemente puede fingir no saber la verdad y observar entre el asombro y la frialdad qué tan lejos puede llegar una persona con sus engaños, esperando el momento ideal para desenmascararlo o dejarlo que mismo se vaya a lo profundo de la fosa que él mismo ha elaborado.

No importa para nada en qué punto se descubre la mentira, es algo totalmente decepcionante, es la formas más veloz que tenemos de romper la imagen de ese ser, la credibilidad de sus palabras. Un solo engaño pone a sacudir toda una vida, y puede que algo que ni siquiera era trascendental quiebre con una relación por lo que el engaño implica en sí, más allá de las razones que llevaron a la persona a mentir.
Nunca debemos utilizar la mentira con ninguna persona y mucho con una que decimos amar, no debemos subestimar la capacidad de esa persona la cual obviamente nos conoce. Decir la verdad puede que en algunas ocasiones duela mucho, pero en ella esta llena de mucha honestidad la cual puede calmar los efectos de una mala decisión, a diferencia de la mentira que por lo habitual finaliza por comprometer la confianza y solo empeora las cosas.